En los primeros tiempos del
género chico, los sainetes u obras
representadas carecían de música, por lo común. Por
eso La canción de la Lola, primer gran éxito popular
del género en la forma que había de conocer sus mejores días,
tiene en él una importancia capital.
No se estrenó en Variedades sino en el Alhambra, y por una compañía
de comedias, a cuyos actores Chueca se comprometió
enseñarles los cantables que, por otra parte, no exigían
facultades de divo. Chueca y Valverde
habían puesto música a un sainete de Ricardo de la Vega,
maestro en el género y en cierta manera heredero de don Ramón
de la Cruz en la viveza de retratos de tipos y costumbres populares madrileñas.
Se estrenó el 25 de mayo de
1880 en el teatro que, con el nombre de Alhambra, existía en la
calle de la Libertad, y el éxito fue extraordinario. Los tipos de
sainete inauguraron la galería de chulos madrileños del teatro,
aunque ahora aparezcan sobrios y sin estilizar al lado de los que autores
posteriores nos acostumbraron. Los de La canción de la Lola responden
con seguridad a la realidad de 1880.
La acción es sencilla y se
reduce al consabido asunto del sainete: la enamorada que, por despecho,
se quiere casar con otro pretendiente con más años y dinero,
ayudada en ello por los consejos interesados de la madre. Naturalmente,
acaba casándose con su hombre y el pretendiente se sosiega por su
lado. La gracia de la obra está en el procedimiento de impedir la
boda mediante el robo de las prendas interiores de la novia para la ceremonia,
puestas a secar en el patio, auténtico protagonista, con sus personajes
y reyertas verbales, de la canción que le da nombre:
La camisa de la Lola
un chulo se la llevó;
la camisa ha parecido,
pero la Lolita, no.
La música se popularizó
en España y persistió durante mucho tiempo. Sobre todo, el
número del capotín, cumbre popular de la obra. Fue el ingreso
de Chueca en una popularidad que le duró
hasta la muerte.
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